A ti que me lees:
Si ya conoces un poco mi manera de escribir, sabrás entonces que me gusta jugar con las palabras y sus dobles sentidos. En LinkedIn, donde suelo dar rienda suelta a mi prosa de manera asidua, utilizo sin pudor los juegos de palabras. Te permiten decir más con menos. Los dobles sentidos condensan más información, más intención en menos espacio. Mi estilo en la red social laboral por en ‘excedencia’ (¿ves a qué me refiero?) es desenfadado, poco dogmático, con mucha ironía, pero sin IA.
Sin embargo, cuando me enfrenté a la primera página en blanco de la novela, tuve que recablear mis conexiones neuronales y literarias. No es lo mismo escribir 3.000 caracteres en un post que 125.000 palabras desparramadas en 400 páginas. Tampoco el estilo podía ser el ‘mío’. ¿Cómo escribir siendo tú sin sonar a ti? El reto no era pequeño.
¿Sabes cómo lo afronté? Poniéndome a la tecla sin pensármelo mucho. Al principio sin ‘mapa’. Me sentaba y escribía lo que iba brotando. Y así llegué al ecuador de la novela, por pura inspiración. Siendo a la vez el escritor y el primer lector. Sorprendiéndome a mí mismo con el desarrollo de la trama. Más adelante, cuando intuí que tocaba pensar en un final, sí que compuse una hoja de ruta para no perderme.
Entonces descubrí una nueva manera de jugar con las palabras y con la inteligencia del lector al mismo tiempo.
Ya no tenía que ser de manera obvia, como en el título de esta carta, sino que podía escribir un pasaje de la historia con una doble intención, de tal forma que en una primera pasada, el lector interpretara una cosa según el contexto y la información que hasta ese momento había recibido; sin embargo, según avanzaba la historia e iba conociendo más detalles, el mismo pasaje tendría una intención distinta.
Esto enriquece muchísimo la historia. Como lector, siempre he agradecido que el escritor me pusiera a prueba. Pero nunca lo había vivido como escritor, y he de reconocer que ha sido una de las partes más satisfactorias del proceso de componer una novela. Si ya la has leído, sabrás a qué me refiero. Si no lo has hecho aún, te invito a que lo hagas. No es porque el padre de la criatura diga que su ‘hijo’ es guapo, es porque ya lo están diciendo otros, y si no echa un vistazo a las primeras reseñas que están llegando a Amazon.
Para muestra dos botones:
«Te imaginas las escenas como si las estuvieras viendo. Hay momentos en los que lees conteniendo la respiración, otros en los que suspiras de alivio, te ríes y a veces asoma una lágrima contenida por la exquisitez con la que Íñigo consigue colocarte como testigo íntimo de un viaje personal que es una auténtica gozada.»
«¿Sabéis esa sensación de estar viendo una serie de esas que te enganchan tanto que devoras los capítulos uno tras otro? Así ha sido al leerlo. Tenía esa lucha interna constante: me moría de ganas por saber qué pasaba en la siguiente página, pero a la vez me daba una pena tremenda que se terminara…»
Feliz tardeo de domingo,
Iñigo.-